Entre las personas que me conocen es bien conocida mi predilección por los osos, en especial por los pandas gigantes. No es que me considere gran amante de los animales, de hecho no lo soy, pero en el caso de esta especie me transmite una ternura distinta al resto, quizás algo contradictorio con las características generales que suele tener este animal. Según tengo entendido por documentales o lecturas que he realizado acerca de estos animales, son seres que se caracterizan fundamentalmente por la tendencia a la soledad, al aislamiento y a la búsqueda de tranquilidad. Los pandas son muy perezosos, cosa que a mí me hace muchísima gracia irremediablemente. Me es muy difícil ver una imagen de un panda y no sonreir, quizás también porque casi todas las imágenes que recuerdo son positivas y graciosas, no de ataques... Si bien es cierto que por su tamaño y naturaleza son animales peligrosos, alguna parte de mí se niega a verlos como feroces. Cuando les veo, sus ojos me transmiten ternura, su pelaje suavidad y muchísimas ganas de abrazarlo y sus andares tranquilos, sus poses en algún lugar de reposo o sus juegos hacen que no pueda evitar sonreir. En fin, que la simpleza de obsevarlos (a través de fotos o la televisión, porque nunca he visto ninguno en vivo) me hace sentir bastante bien, por lo que pienso que mi post de hoy, bien se los merece estos bellos animalitos.

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