Me levanto por la mañana.
Salgo de mi casa.
Hay un socavón en la acera.
No lo veo
y me caigo en él.
Salgo de mi casa.
Hay un socavón en la acera.
No lo veo
y me caigo en él.
Al día siguiente
salgo de mi casa,
me olvido que hay un socavón en la acera
y me vuelvo a caer en él.
salgo de mi casa,
me olvido que hay un socavón en la acera
y me vuelvo a caer en él.
Al tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
de que hay un socavón en la acera.
Sin embargo,
no lo recuerdo
y caigo en él.
salgo de mi casa tratando de acordarme
de que hay un socavón en la acera.
Sin embargo,
no lo recuerdo
y caigo en él.
Al cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del socavón en la acera.
Lo recuerdo y,
a pesar de eso,
no veo el pozo y caigo en él.
salgo de mi casa tratando de acordarme
del socavón en la acera.
Lo recuerdo y,
a pesar de eso,
no veo el pozo y caigo en él.
Al quinto día
salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando al suelo.
Y lo veo y,
a pesar de verlo,
caigo en él.
salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando al suelo.
Y lo veo y,
a pesar de verlo,
caigo en él.
Al sexto día,
salgo de mi casa.
Recuerdo el socavón en la acera.
Voy buscándolo con la mirada.
Lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.
salgo de mi casa.
Recuerdo el socavón en la acera.
Voy buscándolo con la mirada.
Lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.
Al séptimo día
salgo de mi casa.
Veo el socavón.
Tomo carrerilla,
salto,
rozo con la punta de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y, caigo en él.
salgo de mi casa.
Veo el socavón.
Tomo carrerilla,
salto,
rozo con la punta de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y, caigo en él.
Al octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que lo celebro dando saltos de alegría...
Y, al hacerlo,
caigo otra vez en el pozo.
veo el socavón,
tomo carrerilla,
salto,
¡llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que lo celebro dando saltos de alegría...
Y, al hacerlo,
caigo otra vez en el pozo.
Al noveno día,
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
lo salto
y sigo mi camino.
salgo de mi casa,
veo el socavón,
tomo carrerilla,
lo salto
y sigo mi camino.
Al décimo día,
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar...
por la acera de enfrente.
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar...
por la acera de enfrente.
Hay ocasiones, en las que nos centramos fijamente en las dificultades que la vida coloca en nuestro camino y trabajamos y luchamos día a día, porque esas dificultades no supongan impedimento alguno para seguir adelante, incluso, tratamos de minimizar el esfuerzo que debemos realizar para afrontarlas, para quitarles toda la importancia posible. Pero mientras dedicamos tiempo y más tiempo, de nuestro tiempo, que por cierto no es ilimitado, nos olvidamos de apreciar que no sólo hay un camino para alcanzar nuestro fin, que la vida suele aportar más posibilidades, y que valorarlas todas ellas no significa temor ni rendición hacia lo complejo, sino exaltación de lo que nos hace más feliz a lo largo de nuestro camino. Y si bien esta historia que contaba Jorge Bucay, a todos, en algún momento de nuestra vida, nos puede venir como anillo al dedo, en mi caso, hay una frase que quizás más aún, y con ella me quedo: para mí no sólo es más cómodo, sino que definitivamente elijo... CAMINAR POR LA ACERA DE ENFRENTE.

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